Un espacio común, no una extensión de la vivienda
En muchas comunidades de vecinos es habitual dejar zapatos, paragüeros, plantas, bicicletas, carritos de bebé, bolsas de basura o pequeños muebles en los rellanos de escalera. A simple vista puede parecer una costumbre inofensiva, sobre todo cuando se trata de objetos pequeños o cuando parece que no molestan a nadie. Sin embargo, el rellano no forma parte privativa de una vivienda, sino que pertenece a los elementos comunes del edificio.
La Ley de Propiedad Horizontal establece que cada propietario tiene un derecho exclusivo sobre su piso o local, pero también una copropiedad sobre los elementos, pertenencias y servicios comunes del inmueble. Es decir, el rellano, las escaleras, los pasillos, el portal o los descansillos no son espacios particulares, aunque estén justo delante de la puerta de una vivienda.
Qué dice la Ley de Propiedad Horizontal
El uso de los rellanos debe entenderse desde una idea básica. Todos los vecinos tienen derecho a utilizar las zonas comunes, pero ninguno puede apropiarse de ellas de forma individual. La Ley de Propiedad Horizontal obliga a los propietarios a respetar las instalaciones generales y los elementos comunes, haciendo un uso adecuado de ellos y evitando daños o desperfectos.
Esto afecta directamente a la costumbre de dejar objetos en el rellano. Un felpudo, una maceta pequeña o un adorno discreto pueden ser tolerados en muchas comunidades, pero eso no significa que exista un derecho automático a ocupar ese espacio. La diferencia está en si el objeto altera la estética del edificio, dificulta el paso, genera molestias, supone un riesgo o contradice las normas internas de la comunidad.
Además, el artículo 6 de la Ley de Propiedad Horizontal permite que la comunidad apruebe normas de régimen interior para regular la convivencia y el uso adecuado de los servicios y elementos comunes. Por tanto, una comunidad puede establecer por acuerdo si permite determinados elementos en los rellanos, si los limita o si los prohíbe por completo.
Objetos habituales. Felpudos, plantas, zapatos y carritos
No todos los casos tienen la misma gravedad. Un felpudo colocado junto a la puerta suele considerarse una práctica común, siempre que no obstaculice el tránsito ni genere problemas de limpieza o seguridad. Algo parecido puede ocurrir con una planta pequeña, siempre que no invada el paso, no manche el suelo, no desprenda agua y no afecte a la imagen general del edificio.
El problema aparece cuando el rellano empieza a utilizarse como trastero. Zapatos, muebles auxiliares, bicicletas, cajas, bolsas, juguetes, carros, cubos o enseres que permanecen allí de forma habitual. En ese caso, ya no hablamos de un detalle decorativo, sino de una ocupación privativa de un espacio que pertenece a todos.
También hay que tener en cuenta que lo que para un vecino es cómodo, para otro puede ser molesto. Un par de zapatos en la puerta puede generar olores, una bicicleta puede dificultar el paso, una bolsa de basura puede resultar insalubre y por ejemplo, un carrito puede convertirse en un obstáculo para personas mayores, niños, repartidores o servicios de emergencia…
Seguridad y evacuación. El punto más importante
Más allá de la estética o de las molestias, el aspecto clave es la seguridad. Los rellanos, pasillos y escaleras forman parte de las vías de circulación del edificio. En caso de incendio, emergencia médica, apagón o evacuación, esos espacios deben estar despejados.
El Código Técnico de la Edificación, en su Documento Básico de Seguridad en caso de Incendio, tiene como objetivo establecer reglas y procedimientos para cumplir las exigencias básicas de seguridad en caso de incendio. Aunque cada edificio debe analizarse según sus características, la lógica preventiva es clara. Las zonas de paso no deben convertirse en espacios de almacenamiento.
Un objeto que parece pequeño en el día a día puede ser un problema en una situación de urgencia. Una maceta puede caer, una bicicleta puede bloquear parcialmente el paso, una caja puede arder, una bolsa puede generar humo o un mueble puede entorpecer la actuación de los bomberos. Por eso, en caso de duda, debe prevalecer el criterio de seguridad sobre la comodidad individual.
¿Puede la comunidad prohibir dejar cosas en el rellano?
Sí, la comunidad puede regular el uso de los rellanos mediante normas internas, siempre dentro de la ley y de los estatutos. Lo más recomendable es que la cuestión se trate en junta de propietarios y quede recogida en acta. Así se evitan discusiones constantes y se establece un criterio igual para todos.
La comunidad puede acordar, por ejemplo, que solo se permitan felpudos, que las plantas deban estar autorizadas, que no se puedan dejar zapatos, bicicletas, basura ni muebles o que los rellanos permanezcan completamente despejados. Lo importante es que la norma sea clara, proporcionada y aplicable a todos los vecinos por igual. Si un vecino incumple de forma reiterada, lo razonable es empezar por una comunicación educada. Después, puede intervenir el presidente o el administrador de fincas.
La Ley de Propiedad Horizontal prevé que, ante actividades prohibidas, dañosas, molestas, insalubres, nocivas, peligrosas o ilícitas, el presidente pueda requerir el cese y, si la conducta continúa, la comunidad pueda acudir a la vía judicial mediante la acción correspondiente.
Evitar el conflicto antes de que crezca
La mayoría de problemas en los rellanos no empiezan como grandes conflictos, sino como pequeñas tolerancias que se van ampliando. Primero aparece una planta, después un zapatero, luego una bicicleta y finalmente el descansillo acaba funcionando como una prolongación de la vivienda. Cuando otro vecino se queja, quien ocupa el espacio suele sentir que se le está atacando por algo que “siempre se ha hecho”.
Por eso conviene actuar con criterio preventivo. Las comunidades deberían hablar de este tema antes de que se convierta en una discusión personal. Una norma sencilla, visible y aprobada en junta puede evitar tensiones. También ayuda diferenciar entre usos puntuales y usos permanentes. No es lo mismo dejar una bolsa unos minutos antes de bajarla al contenedor que convertir el rellano en un punto habitual de basura. Tampoco es igual apoyar temporalmente un carrito mientras se abre la puerta que dejarlo allí todos los días.
El rellano debe seguir siendo de todos
El rellano de escalera no es un trastero, ni un recibidor privado, ni una zona decorativa particular. Es un elemento común del edificio y, como tal, debe utilizarse con respeto, prudencia y sentido colectivo. La clave no está solo en si un objeto cabe o molesta poco, sino en si su presencia limita el derecho de los demás, afecta a la seguridad, rompe la estética común o genera problemas de convivencia.
En una comunidad de vecinos, el mejor criterio suele ser el más simple, las zonas comunes deben permanecer libres, limpias, seguras y accesibles. Todo lo que se aparte de esa idea debería estar expresamente autorizado por la comunidad y regulado de forma clara.